CIENCIA FICCIÓN
SCIENCE FICTION

domingo, 31 de diciembre de 2017

En Hombros de Gigantes

La manera como veo series y películas en Netflix es la misma costumbre que tengo para leer. Estoy leyendo diez o doce libros a la vez, recorriendo un par de páginas (o su equivalente en el formato electrónico) antes de pasar al siguiente, en un ciclo que se repite y se repite. No tiene fin, pues una vez termino uno de los libros, otro se incorpora al proceso y tengo más libros en lista de espera de los que podré leerme en lo que me resta de vida.

Es así como he estado alternando entre media docena de series, películas y documentales, sacándole provecho a la mensualidad pagada a Netflix. Pocas son las ocasiones en las que un episodio me atrapa de tal manera que no me permite ponerlo en pausa y pasar al siguiente en la lista. Esas situaciones excepcionales casi que podría decir que tienen nombre propio: "Black Mirror".

Cuando yo sea grande quiero aprender a escribir como los guionistas de esa serie.

Acaba de estrenarse la cuarta temporada de la serie y anoche me atrapó su primer episodio. Poco importó que fuera ya pasada la media noche y eso que los que me conocen saben que no soy de mucho trasnochar.

Advertencia de SPOILERS:

"USS Callister" ("Black Mirror" S4E1 2017) comienza como lo que parece ser una parodia evidente de "Viaje a las estrellas", con todo y los uniformes femeninos como el de minifalda de Uhura pero con un poco menos de tela alrededor de la cintura. Pero luego se nos revela que tras el tono de comedia lo que hay es una historia de terror escalofriante con un tirano que tiene poder absoluto en el mundo que ha creado y, para colmo, se cree el héroe de la historia. En este universo artificial hay personas reales atrapadas, totalmente concientes de los absurdos y clichés de la trama, pero que le siguen el juego al autonombrado capitán porque de lo contrario podrían ser castigados de las maneras más espantosas.


¿Alguien recuerda esta escena de la película de "Dimensión Desconocida" (1983)? La hermana que se atrevió a levantarle la voz a alguien y que fue castigada borrándole la boca. Me la recordó ese momento en que la protagonista de "USS Callister" se enfrenta al capitán por primera vez y él hace un gesto con su mano que la afecta de tal manera que ella tiene que doblegarse. Pero lo de la película es solo un remake de un episodio clásico de la serie , "It's a Good Life" (1961) que describe la vida en un pueblo que ha sido desconectado del resto del mundo y donde sus habitantes son controlados por un monstruo que tiene el poder de leer sus mentes y si no piensan en cosas alegres los puede destruir, o peor, convertir en cosas horribles. El monstruo se llama Anthony Freemont y es un niño de seis años de edad.

Este año tuve la oportunidad de leer el cuento original (1953) de Jerome Bixby en la antología "The Science Fiction Hall of Fame" editada por Robert Silverberg. El episodio de 1961 es bastante fiel al texto y lo deja a uno no solo aterrado sino desesperanzado. Para la versión al cine le conservaron todos los elementos esenciales, pero la protagonista es una maestra de escuela que llega al pueblo por casualidad y ella ve la posibilidad de redimir al niño. Así que el final es más optimista que en las otras versiones, un final que escribió un autor del que tal vez hayan escuchado hablar, pues se han hecho algunas películas de sus cuentos y novelas: Richard Matheson.

Y resulta que no estoy inventando coincidencias, en una entrevista con Charlie Brooker, creador de "Black Mirror", él comenta que "USS Callister" tuvo su origen en una conversación que tuvo sobre realidad virtual y videojuegos cuando estaban filmando "Playtest" (2016), episodio de la tercera temporada. En un momento dado comentaron "Bueno, podrías ser el rey del castillo allí adentro, podrías tener un emperador malvado o un tirano". Esto le recordó ese episodio de "Dimensión Desconocida" de 1961 y una cosa llevó a la otra y eso fue el punto de inicio. "¿Qué tal si hacemos una historia sobre un tirano todopoderoso que se pone a sí mismo en el papel del héroe?".


Bueno, y no voy a mencionar "No tengo boca y debo gritar" de Harlan Ellison, primero porque no lo he leído, aunque el solo título ya cuenta cosas, y segundo porque quiero evitarme una posible demanda por derechos de autor. Pero el cuento sube al inicio de mi pila pues tengo la corazonada que allí encontraré resonancias a estas historias que hoy menciono en este blog.

Sí quiero hablar de John Scalzi y su novela "Redshirts" (2012), a quien se le ocurrió escribir una historia basada en la extraña coincidencia de que en "Viaje a la Estrellas", la serie original, cada que bajan a un planeta a se enfrentan a un monstruo el muerto es uno que aquellos que tenía puesta la camiseta roja. Me recordó ese tono de autoconciencia en el que los personajes reflexionan sobre el absurdo y la ingenuidad de las tramas, y del omnipresente "Deux-est-machina" donde siempre hay una tecnología que resuelve el problema de turno. Me acordé de un momento en "Redshirts" donde le dicen al protagonista que traiga "el aparato que hace ping" cuando en "USS Callister" la chica que hace el papel del doble de Uhura le recomienda a la heroína que oprima cualquier botón cuando el capitán le ordena hacer algo, que todos hacen exactamente lo mismo.

Así es como funciona la creación de ciencia ficción por estos días, cuando se podría pensar que no quedan temas nuevos por explorar. Es un diálogo constante entre el presente y el pasado, donde los clásicos se pueden reinventar y enriquecer con elementos contemporáneos o alguna tecnología recién descubierta o imaginada. Como lo dijo Robert Silverberg en "Science Fiction 101" (1987), "Parece esencial para mi que alguien quiera escribir ciencia ficción deba ser un devoto lector de ciencia ficción... Por un lado, la familiaridad de la ciencia ficción salva al aspirante a escritor de la molestia de reinventar la rueda. Algunas ideas son tan maravillosas que ya han sido llevadas a la perfección por gente como Heinlein o Kuttner o Murray Leinster, hace años... Pero este tipo de plagio accidental o no intencionado de los clásicos no es el mayor problema de no cimentarse en la literatura existente. La mayor parte de la ciencia ficción de buena calidad es escrita como reacción a historias existentes."

Eso pienso, vamos avanzando construyendo sobre las bases que nos dejaron nuestros antecesores. Estamos montados en hombros de gigantes y algún día, si alguien nos considera dignos de ello, usará nuestros hombros como apoyo para mirar un poco más allá.

Post data: (más SPOILERS) No me quiero ir sin celebrar que en "USS Callister" quien salva el día es una mujer poderosa que usa su conocimiento y su astucia para liderar el equipo hacia un final mejor del que esperaban. ¡Mujeres que no son elementos decorativos ni damiselas en peligro esperando ser rescatadas! Eso es el siglo XXI.

Otro post data: Menos es más. La inteligente decisión de contar en lugar de mostrar en aquella escena donde el man que se parece al protagonista de "Los Waltons", y coincidencialmente es de apellido "Walton", demuestra tener profundidad y corazón cuando comparte que no intenta escapar porque tienen el ADN de su hijo secuestrado para hacer copias digitales de él. Un director mexicano habría mostrado la imagen del niño congelado quebrándose como una muñeca de porcelana, pero acá simplemente lo dejan narrado en boca del padre. Excelente decisión.

domingo, 10 de julio de 2016

De Arroz y Sal y Nubes

Me enamoré. Su nombre es Doona Bae y es la diva coreana de las hermanas Wachowski.

Ando desatrasándome ya tarde, cuando los calores de la fama y la publicidad se han enfriado, de varias series de televisión y películas. Me vi Sense8 (2015), la serie de Netflix que alborotó la líbido de más de uno el año pasado, pero que a mi juicio bien podría ser el eje central de un seminario sobre trabajo en equipo. Doona interpreta a Sun Bak, una de las ocho personas conectadas síquicamente y repartidos por todo el mundo, ella allí es la experta en artes marciales a la que invocan cuando tienen que enfrentarse a ejércitos de forajidos o guardaespaldas. Sí, a ella, la aparentemente débil chica, y no al policia rudo de Chicago o al matón de Berlín, subvirtiéndo así las Wachowski cientos de reglas no escritas sobre los roles de hombres y mujeres en el cine y la televisión.

Luego me vi El Atlas de las Nubes (2012), donde Doona es protagonista de un segmento que transcurre en Neo Seul, en el año 2144. Ella allí es una clon esclava al servicio perpetuo de los consumidores, que termina siendo el símbolo de una revolución que a la larga terminaría derrumbando el régimen dominante. Tanto así que en el siguiente segmento, decenas de inviernos después de la caída de la civilización, los sobrevivientes la siguen recordando como si se tratase de una diosa. En la foto aparece en su caracterización de una joven esposa pelirroja en el segmento de 1849. Otra vez las hermanas Wachowski transgrediendo normas. A pesar de que en el segmento de Neo Seul, muchos de los personajes asiáticos son blancos maquillados, al menos se dan el lujo de hacer lo contrario con Doona para este corto papel (y no me voy a extender sobre los distintos papeles de mujeres y hombres blancos que hace Halle Berry, pues hoy mi "traga" es coreana). También la vemos en 1973 como una inmigrante mejicana que venga la muerte de un perrito.

Todo esto como introducción para compartir que en El Atlas de las Nubes, las Wachowski utilizan el recurso del reciclaje de actores para presentar el eterno retorno de conciencias individuales que reencarnan una y otra vez para encontrarse siempre con el mismo grupo de viejos conocidos.

¿Dónde había leído yo algo similar?

También este año tuve a bien leerme Los Años de Arroz y Sal (2002) de Kim Stanley Robinson, un escritor más conocido por su científicamente estricta trilogía de Marte. Abordé Los Años de Arroz y Sal previendo encontrarme con la misma "ciencia dura" de Robinson, esta vez en el género de la historia alternativa. ¿Qué hubiera sucedido en el mundo si la Peste Bubónica no hubiese matado al 10% de la población del Europa sino al 99%? ¿Cómo habría sido el ascenso hacia la revolución industrial y más allá con el mundo musulman y la China milenaria como protagonistas?

Pero para mi sorpresa, Los Años de Arroz y Sal es un libro sobre la reencarnación, con almas que se reencuentran una y otra vez en distintos cuerpos y roles, a lo largo de ese camino de la civilización alternativa. El recurso que usa Robinson es conservar siempre la misma inicial en los nombres de los personajes, para que el lector pueda identificar la continuidad entre la dama china enamorada de un filósofo musulman, el activista rebelde de los tiempos modernos, un tigre y un eunuco negro con sed de venganza, para poner solo un ejemplo.

No sé si David Mitchell, el escritor de El Atlas de las Nubes (2004) leyó o no, se inspiró o no en la obra de Robinson. No se trata de una investigación exhaustiva este artículo.

Por mi parte, seguiré a la espera de nuevas películas y series, para ver cómo la niña fantasma de The Ring Virus versión coreana de El Aro, la joven arquera perseguida por el monstruo mutante de The Host (2006), la muñeca inflable insuflada de vida en Air Doll (2009) [Madre mía, esta no me la he visto y pinta super interesante, habrá que buscar más cosas de Hirokazu Koreeda], el clon/mejicana/pelirroja de El Atlas de las Nubes, la caza recompensas de Jupiter Ascending (2015) sigue reencarnando una y otra vez, ya sea de la mano de las hermanas Wachowski o de otro director o directora que le dé la talla.

jueves, 21 de mayo de 2015

Un Tranvía en la Casa del Mono

"Un Tranvía Llamado Deseo" (1947) de Tennessee Williams es un referente obligado del teatro norteamericano. Recordar a un Marlon Brando joven y vigoroso, muchos años antes de "El Padrino" o "Apocalipse Now", es verlo en la imagen en blanco y negro de Stanley Kowalski en la versión fílmica de 1951, tal vez el personaje más representativo de la obra. Aunque Brando no recibió ese año el Oscar a mejor actor, sus coestrellas, Vivien Leigh (Blanche DuBois) y Kim Hunter (Stella Kowalski) sí alcanzaron el preciado galardón. Pero es la actuación de Brando la que ha quedado marcada en la memoria colectiva.

Muchas deben haber sido las puestas en escena y adaptaciones de "Un Tranvía Llamado Deseo" pero muy pocas las que yo he tenido la oportunidad de conocer. La más conocida recientemente tal vez sea "Blue Jasmine" (2013) de Woody Allen, que le mereció el Oscar a mejor actriz a Cate Blanchett por su interpretación de una Blanche DuBois contemporánea.

Para el mes* que viene espero poderme sentar frente a la pantalla gigante a ver la interpretación que ha hecho Gillian Anderson (Sí, la agente Scully en Archivos X) de ese mismo personaje para el montaje del Young Vic Theater de Londres, gracias a los buenos oficios de Cinecolombia. Por el momento tengo un abrebocas con el corto "The Departure" (2015) dirigido por ella misma como una precuela de la obra.

Pero hoy no es por los Archivos X que este blog de ciencia ficción se ocupa de "Un Tranvía Llamado Deseo". Aunque no puedo dejar de comentar que a Ms. Anderson, a sus 46 años, la edad le ha sentado mucho mejor que a David Duchovny.

Hace ya bastantes años mi puerta de entrada a "Un Tranvía Llamado Deseo" fue a través del montaje que realizaba una pequeña compañía de teatro de un pueblo pequeño de los Estados Unidos en la película "Who Am I This Time" (1982, traducida en España como "Cambio de Identidad") donde un muy joven Christopher Walken interpreta a Harry Nash, un depentiente de una tienda absolutamente tímido y asocial que, sin embargo, se transforma en escena en un Stanley Kowalski que nada le tiene que envidiar a Brando. Allí se conoce con el personaje de Susan Sarandon, Helene Walsh, una telefonista, también tímida y reprimida, que encuentra su válvula de escape en la interpretación de Stella al lado de Harry. Helene por supuesto se enamora de Harry, pero cuando cae el telón desaparecen toda la testosterona, bravuconería y sensualidad de Stanley Kowalski y Harry Nash prácticamente se hace invisible. Helene logra vencer su predicamento cuando le regala a Harry al final de la última un libro de "Romeo y Julieta" y lo convence de leer con ella algunas de las líneas. Harry se convierte en el adolescente enamorado de Verona y así comienza una relación feliz de la mano de todos los romances que han sido escritos para teatro.

Hoy comencé a leerme "Welcome to the Monkey House" (1968) la colección de cuentos de Kurt Vonnegut Jr. traducida al castellano como "Bienvenidos a la Casa del Mono" y cuál no sería mi sorpresa cuando allí, justo después de la distopía igualitaria de "Harrison Bergeron", me encuentro de nuevo con la historia de amor de Harry Nash y Helene Walsh. Sí, "Who Am I This Time" (1961) es un relato de Kurt Vonnegut Jr. Y qué bien escrito que está.

Definitivamente ese Kurt Vonnegut Jr., el mismo de "Matadero Cinco" y "Las Sirenas de Titán" es todo un maestro.

* Editado el 22 de mayo para corregir la fecha de la presentación en Cinecolombia, es el 25 y 28 de junio (Gracias, Verónica).


martes, 5 de mayo de 2015

El Caso Valdemar y Otras Pesadillas

Edgar Allan Poe por Lola F. Sioux
Hace una buena cantidad de meses, que ya se acumulan en años, que no actualizo este blog. Pero una amable solicitud me saca de mi ostracismo.

José Luis Bueno Piña es un escritor y guionista que lidera la iniciativa de llevar al cómic cuatro obras clásicas de la literatura que gravitan alrededor de lo oscuro y terrorífico.

Edgar Allan Poe está representado en "La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar" (1845), donde un hombre es suspendido en el momento de su muerte en un estado hipnótico que lo mantiene incorrupto por meses, además de incómodamente consciente.

De Jack London han seleccionado "Un Millar de Muertes" (1899), en la que un hombre es asesinado y resucitado una y otra vez para satisfacer la curiosidad de uno de los primeros científicos locos de la literatura.

También está Gustavo Adolfo Bécquer, el poeta romántico sevillano, con su "El Monte de las Ánimas" (1862), donde los coqueteos de una joven enfrentan a su enamorado a un ejército de fantasmas beligerantes.

Finalmente, está un, para mí desconocido, Hanns Heinz Ewers, autor de "La Araña" (1908), en el que una misteriosa mujer llamada Clarimonde parece estar relacionada con una serie de suicidios.

Cuatro historias distintas, ilustradas por cinco artistas distintos (contando la portada) es el proyecto que propone José Luis en la ya conocida modalidad de crowdfunding. Detalles en su link.

¿Quieres ser parte de este proyecto? Apúrate, pues al momento de publicación de este artículo sólo quedan 18 días para recaudar los 5000 Euros adicionales que requieren.

La Verdad sobre el Caso del Señor Valdemar (Ilustrado por Guillermo Arias-Camisón)

Un Millar de Muertes (Ilustrado por Jessica Mars)

El Monte de las Ánimas (Ilustrado por Ninona)

La Araña (Ilustrado por Miguel Ángel Rodríguez Touceiro)





domingo, 14 de abril de 2013

Cerbo un Vitra ujo

Mary Robinette Kowal es una escritora que transita con destreza tanto en la Fantasía como en la Ciencia Ficción.

A principios de este mes descubrí un cuento suyo llamado "Cerbo un Vitra ujo", un relato marcado con las advertencias "Para mayores de 17", "Erótica", "NO PARA NIÑOS". Las advertencias vienen al caso, no tanto porque haya sexo (más en el terreno de la violación que en el de una relación consensual) sino porque es una historia de terror no recomendable para lectores impresionables.

Lo que me sorprendió profundamente y me llevo a hacer esta corta reseña es un terrible caso de evolución convergente, como eso que cuentan los científicos que sucedió con el ojo, que fue producido por la evolución en diferentes momentos y en distintas ramas evolutivas, pero llegando a una estructura tan parecida en Pulpos y vertebrados que pareciera increible que no tuvieran un origen común.

El caso es que "Cerbo un Vitra ujo", un relato inicialmente publicado en 2006 ocurre casi que en el mismo universo de mi primer relato publicado (2010), tanto es así que mi muy querida "Nuestra Señora de los Donores" podría ser considerada como Fan Fiction por algún lector desprevenido. Nunca he dicho que la idea para el valle de los donores se me ocurrió del aire, tengo una clara inspiración en "Never Let Me Go" de Katzuo Ishiguro y en "La Virgen de los Sicarios" de Fernando González, pero las coincidencias con "Cerbo un Vitra ujo" son asombrosas a falta de otro calificativo.

Juzguen ustedes mismos. Lean ambos relatos y me comentan su impresión al respecto: "Cerbo un Vitra ujo" puede leerse y escucharse en EscapePod y "Nuestra Señora de los Donores" en la revista Axxón o en este mismo blog, donde la publiqué por partes.

Para los lectores curiosos, hice la averiguación con el gran oráculo... con Google. "Cerbo un Vitra ujo" es Esperanto y significa algo así como "Cerebro sin Envase de Vidrio". Así que en lugar de Ex-Votos tenemos un caso de Ex-Vitro.



viernes, 20 de julio de 2012

Todo el Verano en un Día

El 5 de junio de 2012 murió el escritor Ray Bradbury a los 91 años de edad, después de una larga enfermedad. Ese mismo día, pasadas las cinco de la tarde, yo trataba torpemente de observar un fenómeno astronómico que no se repetiría en más de cien años: el tránsito de Venus directamente entre el sol y la tierra.

Un par de días después, Dixon Acosta nos compartió su artículo "El Eclipse Bradbury",  en el que hizo la conexión entre los dos eventos. "Ahora sé que lo visto el 5 de junio de 2012 no era Venus atravesando el telón del Sol," comenta Dixon, "era Ray Bradbury convertido en punto, un trovador del futuro en tránsito a la eternidad."

Recordé entonces que el autor de "Crónicas Marcianas" también había escrito un cuento sobre Venus que tiene mucho que ver con lo espaciados que son los tránsitos de este planeta frente al sol. En la imaginación de Bradbury, Venus es un planeta cubierto de una jungla tropical espesa donde llueve continuamente y el cielo siempre permanece nublado. La vegetación es gris y descolorida porque nunca se expone a los rayos del sol. Bueno, a veces sale el sol. Pero esto es un fenómeno excepcional que sucede una vez cada siete años y dura apenas una hora.

"Todo el Verano en un día", publicado en 1954, es la historia de Margot, una niña de la tierra que a los cuatro años de edad llegó con sus papás a vivir en Venus. Margot es una niña triste y retraída, no juega con los otros niños, no canta sus canciones, lo único que la alegra es el recuerdo del sol. Por ser tan introvertida, no es muy popular entre sus compañeros. Ellos la envidian porque no saben cómo es el sol, ellos nacieron en ese lugar nublado y lluvioso y estaban muy pequeñitos la última vez que se pudo ver.

Margot tiene nueve años de edad cuando llega por fin el día, según el cálculo de los científicos, en que se despejará el cielo y podrán ver el sol. Pero los compañeritos de Margot le juegan una mala pasada y la encierran en un closet justo antes de que la profesora venga a llevarlos afuera.

"¿Listos, niños?" dice ella mirando el reloj.

"¡Sí!" dicen todos.

"¿Estamos todos?"

"¡Sí!"

Por fin cesa la lluvia y el sol brilla en un cielo azul sin nubes. Los niños corren, se quitan las chaquetas y sienten el calor en sus brazos y en sus mejillas. Saltan, se empujan, caen y se ríen. Hasta que cae la primera gota de lluvia y todos regresan al refugio subterráneo. Afuera ya está oscuro de nuevo y los truenos compiten con el ruido del eterno aguacero.

Y sólo entonces se acuerdan de Margot, que todavía está encerrada en el closet.

Siete años.


Ciento cinco años.

La fotografía fue tomada al tránsito de Venus en 1882. Pero no es de la última vez que sucedió antes del pasado cinco de junio. Por la relación entre las órbitas de Venus y la Tierra, cada ciento y tantos años se da el eclipse en dos ocasiones espaciadas entre sí por ocho años. De manera que la última vez había sido en 2004, pero yo no recuerdo que al asunto se le hubiera dado tanta mención en los medios como sucedió este año.

La próxima vez será en el año 2117, y luego en 2125. En cualquier caso, es bien poco probable que yo esté todavía por ahí para verlo. Así que mi última oportunidad fue el cinco de junio de 2012.

La semana había sido particularmente soleada, cielo despejado y nada de lluvia. Un mes antes había bajado la aplicación de la NASA que predecía con exactitud de segundos el inicio del fenómeno en la latitud y longitud en la que me encontrara.

Confieso, sin embargo, que no le invertí mayor cosa a la preparación, no me conseguí el vidrio de soldadura ni cosa por el estilo. Mi mecanismo fue lo más simple posible: una hoja de papel perforada por la punta de un lapicero a falta de un alfiler. De esa manera, en la sombra proyectada en la pared puede verse el círculo perfecto del sol o una media luna cuando se trata de un eclipse de los normales.

El lugar donde yo me encontraba tiene amplios ventanales hacia el poniente, sin edificios que tapen la vista del horizonte, así que sería un lugar privilegiado para observar el puntito oscuro dentro de la bolita de luz. Pero casi a las cinco comenzaron a aparecer las nubes, justo en el occidente, difuminando la imagen del sol, como diciéndome "acá está pero no puedes verlo".

Y así estuvo, nublado, casi hasta la puesta del sol. De repente, se despejaron las nubes lo suficiente para dejar ver el sol. Saqué mi hojita perforada y busqué una pared donde proyectar la sombra.

Pero no contaba con que ese sitio tenía cortinas automáticas. ¡Claro! Era un establecimiento comercial y la luz directa del poniente fastidiaba a la clientela. Las cortinas bajaron y yo me quedé ahí, con una hojita blanca al lado de una pared.

Si alguien se dio cuenta, pensarían que estaba loco.




sábado, 23 de abril de 2011

Un Desacierto en los Óscares

Cuando se desvaneció la última fotografía en blanco y negro y la voz de Celine Dion se calló, yo quedé con un vació. Un injusto olvido había dejado fuera de la lista de homenajeados de este año a un creador que mucho tenía que ver, al menos indirectamente, con esta octogésimo tercera versión de los premios de la Academia.

Me refiero a Satoshi Kon, director de cine y realizador de algunas de las más originales películas de dibujos animados del cine japonés.

Lo primero que conocí de Satoshi Kon fue su participación como guionista en un corto llamado “La Rosa Magnética”, 1995, una parte de la trilogía “Memorias” que vi una noche en la época en que Cinemax todavía pasaba buen cine. En ese entonces yo no tenía la menor idea de quién era Satoshi Kon y lo único que había visto de animación japonesa era “El Viaje de Chihiro” de Hayao Miyasaki. En “La Rosa Magnética”, astronautas chatarreros encuentran una estación espacial abandonada, rodeada de los restos de multitud de naves espaciales. La estación espacial está habitada por el fantasma de una cantante de ópera llamada Eva, que se dedica a seducir a incautos viajeros espaciales. Es imposible no ver a Eva sin evocar a la Lady 3Jane del “Neuromante” de William Gibson.

Acá se puede ver el trailer de “Memorias”.



“Perfect Blue”, 1997, es el primer largometraje animado de Satoshi Kon. Un thriller sicológico que cuenta la historia de Mima Kirigoe, cantante principal del grupo pop “CHAM!”, que decide dejar la música para dedicarse a la actuación. Cómo se iba a imaginar Mima que su decisión la iba a despeñar por un abismo donde la realidad y la ficción se confunden peligrosamente y su imagen en el espejo puede llegar a convertirse en su peor enemiga. Esta película es un claro ejemplo del estilo oscuro y retorcido de Satoshi Kon, que para algunos encarna la versión cinematográfica del Slipstream.

Darren Aronofsky, director conocido por “Réquiem por un Sueño”, y este año por “El Cisne Negro”, compró los derechos de la película en Estados Unidos. De una fuente experta (Jaime Valero en Zonafandon) me entero que el objetivo era filmar la escena del baño con Jennifer Connolly en “Réquiem por un Sueño”, pero a mi juicio la relación de Aronofsky con esta película no se limitó a esto. “El Cisne Negro”, que le valió a Natalie Portman el Oscar a mejor actriz y a Aronofsky la nominación como mejor director y también por la mejor película en este año, tiene muchísimos elementos en común con “Perfect Blue”, esa manera como nosotros los espectadores resultamos tan confundidos como la protagonista por el límite impreciso entre lo que es real y lo que es imaginado, la disociación de la personalidad, la paleta de colores, y el ambiente agobiante... me atrevería incluso a decir que algunas de las escenas son prácticamente idénticas toma por toma.

No digo que “El Cisne Negro” sea una imitación o un plagio. Se trata de un sincero homenaje de un artista a la obra de uno de sus colegas. Aronofsky juega y recombina los ingredientes de “Perfect Blue” con otros muchos de su propia cosecha para lograr una creación original que comparte con su inspiración la misma fuerza emotiva y brutal impacto sicológico.

Imágenes de “Perfect Blue” pueden verse acá:



Pero la obra más conocida de Satoshi Kon es “Paprika”, 2006, sobre una siquiatra que usa una tecnología que le permite al terapista introducirse en los sueños de otras personas. Algunos opinan que Christopher Nolan se inspiró en “Paprika” para su película “El Origen” (“Inception”, 2010), nominada a ocho premios de la Academia y ganadora de cuatro de ellos.

Actualmente está en producción una versión de “Paprika” con actores reales, bajo la dirección de Wolfgang Petersen, el director de “La Historia Interminable” y “Enemigo Mío”. Acá pueden ver un trailer de “Paprika”:



Otras de sus creaciones son “Millennium Actress”, 2001, un documental onírico sobre la vida y obra de una famosa actriz japonesa, que recorre varios siglos de la historia del Japón; “The Tokyo Godfathers”, 2003, su única película de corte no fantástico; y la serie animada “Paranoia Agent”, 2004.

Trailer de “Millennium Actress”



Trailer de “Tokyo Godfathers”



Trailer de “Paranoia Agent”



Satoshi Kon murió el 24 de agosto de 2010, sin haber cumplido todavía los 47 años de edad y dejando inconclusa su última película, “La Máquina de los Sueños”, una historia cuyos protagonistas son todos robots. En mayo le habían diagnosticado cáncer del páncreas y pronosticado un máximo de seis meses de vida, seis meses que no alcanzaron a cumplirse. Poco antes de su muerte, Kon dejó un mensaje de despedida en su blog. No tengo la menor idea de japonés, pero gracias a la Wikipedia, pude encontrar una traducción al inglés que me llevó a una versión en castellano. Realmente vale la pena leerla.

Fue su decisión no hacer pública su enfermedad. Por este motivo, la noticia de su muerte fue una enorme sorpresa para su público y seguidores. Murió según su deseo en su propia casa, en compañía de su esposa, después de haberse despedido de sus padres y de sus más cercanos amigos.

Como si hubiera un fantasma conmigo en esta habitación, un ligero estremecimiento me hace mirar por encima del hombro. Este próximo junio cumplo los 46 años de edad y, a decir verdad, todavía no he hecho ni el uno por ciento de lo que vine a hacer a este mundo. Cruzo los dedos por una parca más generosa que la que le tocó a Satoshi Kon.